Personas importantes después de 14 años (Parte 1, reescrito)

Después de buscar inspiración (que no encontré), he decidido escribir algo referente a mis 14 años de estancia en México DF.

Me vine para acá a estudiar la universidad, como he comentado en otros posts. Al principio me costó acostumbrarme; pero tras 2 años lo logré. Es demasiado tiempo, pero tenía dificultades personales que a lo largo de todos estos años he podido ir atendiendo para que esto ya  no se dé.

En vez de escribir una larga y aburrida crónica de la fecha en que tomé el autobús para venirme, el 28 de julio de 1997; mejor menciono a las personas importantes de mi vida a lo largo de estos 14 años, y cómo me iba en mi vida personal y escolar. En ese mismo año 1997 conocí a quienes fueron mi primer grupo de conocidos y entre ellos a mis primeros amigos aquí en la ciudad: Francisco Muñiz, César Andrade, Hilda Guarneros, Gisela Aguilar, Claudia Jaén, Daniel Osorio, Demiurgo Aciago, Erick Guzmán, Carlos Andrés “El Enigmático”, Lilí García, Alicia Blanco, José Vera, Sergio de la Cruz, Dulce Alquicira, Patricia Gaytán, Jacqueline Cardoso, Ana Lilia Hernández, Sofía Caballero, César Martínez, Paola Aguilar, Antonio Bello, Luis David Morales, Itzel Sánchez, Federico Olvera, Susana Nieves, y otros que se me están olvidando en este momento. Las personas que mencioné arriba están ordenadas según se me vinieron a la mente.

Con ellos tuve mis primeros aprendizajes en cuanto a relaciones interpersonales, intercambiamos sobre todo momentos de esparcimiento, chistes, todo en un ambiente muy sano y de mucho respeto, cabe agregar; y de hecho, yo era el que a veces transgredía esas normas no escritas y me pasaba de lanza con alguno de ellos, cosa que lo resentían y generalmente me lo hacían saber.

Los viernes por la mañana nos tocaban 2 horas de descanso, cosa que aprovechábamos para jugar soccer en “Las Islas”, posteriormente tomábamos una clase bastante sencilla y con un maestro súper buna onda, y al final nos íbamos cada quién a hacer sus cosas. Uno que otro viernes (muy poco, realmente) nos quedábamos a tomarnos unos alcoholes, nada que no pudiéramos manejar, y luego cada quién se iba para donde mejor le conviniera.

Más o menos al mes de haber entrado, y a instancias del profesor buena onda que acabo de mencionar, hicimos una fiesta en casa de una compañera, el único detalle era que estaba hasta el quinto infierno, pero de todos modos nos animamos: un buen cuate tuvo la idea de comprarle su canasta de tacos de canasta al señor que los vendía justo abajo de nuestro salón, y un viernes por la tarde, después de la última clase, nos lanzamos a atravesar la ciudad: la fiesta era en San Lorenzo Tezonco, Iztapalapa, DF. Tomamos un trolebús, nosotros lo llenamos todo (éramos casi 60)  allá fuimos. La fiesta estuvo bien, nos cooperamos de a poquito para el alcohol, yo fui parte del grupo que lo fue a comprar a un Wal Mart por ahí cerca, y cuando llegó la hora del bailongo nomás nada de nada: casi ninguno de los hombres sabíamos bailar. Yo menos todavía, el que sí la armaba bastante bien era Antonio Bello. Como a las 8 de la noche algunos cuates y yo, que vivíamos en el poniente, nos despedimos y emprendimos la larga travesía de regreso, 2 horas exactas después, a las 10, estaba entrando al depto. donde vivía, con un poco de alcohol pero si en esos años ya hubiera estado el borrachímetro, lo pasaría sin problemas.

hicimos otras 3 fiestas más, una por la zona de Apatlaco, y otras dos más en Olivar del Conde. A la de Apatlaco no fui, pero a las de Olivar del Conde sí, ya nos conocíamos un poco mejor, además, quedaban cerca de donde yo vivía, por lo que en 15 minutos yo ya estaba en mi refugio.

Cuando el semestre acabó, algunos intentamos hacer una fiesta de fin de año, de despedida y cosas así, nuevamente en San Lorenzo Tezonco pero únicamente fuimos dos personas: Erick Guzmán y yo; y fue por motivos que poco tenían que ver con la fiesta en sí. No hubo ni música, nos la pasamos viendo la TV, nos tomamos el poquito alcohol que habíamos dejado la vez pasada (en septiembre), hablamos mal de la gente, conocimos a la prima de la anfitriona (vivía al lado, era un año mayor que yo, estudiaba medicina en la Fac. de Medicina, y bastante bonita la muchacha). Como a las 6 de la tarde me fui porque debía salir de vacaciones, Erick decidió que se iba conmigo, los dos estabamos más sobrios que un bebé recién nacido, nos fuimos al metro Constitución de 1917 (Línea 8) y ahí nos despedimos. Ese fue el fin de aquel inolvidable (para mí) grupo 1123 del semestre 98-1 de la Fac. de Psicología de la UNAM .

Posteriormente nos volvimos a ver, desde luego, pero ya nunca más estuvimos los 60 juntos, 2 años después el Demiurgo Aciago y yo fuimos los primeros en cambiarnos de turno y posteriormente algunos más nos siguieron.

HOY EN DÍA:

Mantengo muy poco contacto con algunos de ellos, y nulo con el resto, y no es por ellos; sino porque estoy seguro que ya casi nadie me recuerda. No problem, yo sí los recuerdo, y tengo un muy buen recuerdo de los 59 (60 conmigo). Por ejemplo:

Erick Guzmán: Creo que de haber seguido, la amistad se hubiera mantenido, siempre me cayó bien, y el sentimiento era recíproco. No tengo ningún dato de dónde pueda estar ahora.

Demiurgo Aciago: Se convirtió en uno de mis mejores amigos, nos seguimos viendo cuando la situación lo permite y así…

Francisco Muñiz: Otro de mis mejores amigos hasta el día de hoy. Creo que nunca me va a alcanzar el tiempo ni habrá suficientes palabras de elogio para agradecerle tooooodas las veces que me ha sacado de broncas económicas; pero más allá de eso, sé que con él el consejo siempre lo voy a tener, siempre me va a escuchar, y estoy seguro que tenemos una amistad de 13 años que va a durar muchos más. Va a bautizar a mi hija.

César Adrade: Por muchos años tuve falsas ideas de él, y la verdad yo no fomentaba que se diera la amistad más en serio; ahora veo que realmente apliqué de mala manera mis prejuicios y es una persona abierta a interactuar. Nuestro contacto actualmente es a través de Facebook, aunque la verdad tanto él como yo, por diversos motivos, entramos poco a esa red social.

Hilda Guarneros: Estuvimos varios años sin mantener ningún tipo de contacto porque me sentí cuando no me invitó a su examen profesional a pesar de que me había dicho que sí lo haría, hasta que en 2006 nos encontramos en un cumpleaños de Francisco y vi que de verdad le dio mucho gusto verme, después de eso volvimos a perdernos la pista casi por completo, hasta que ella me envió una solicitud de amistad vía Facebook. Actualmente, si bien no nos escribimos demasiado, ambos sabemos que la línea está abierta. Ella fue un gran apoyo moral para mí cuando a finales de 2010 mi mamá tuvo un problema muy serio de salud, y es algo que le agradezco bastante.

Federico Olvera: Muchacho sencillo, era algo así como la “víctima natural para el bulling” y pocos querían realmente llevarse con él. A mí me caía bien por su sinceridad, y cuando tuvimos oportunidad, tanto el Demiurgo Aciago como yo nos los jalamos hacia nuestro nuevo círculo de amistades, es decir, Las Spiders y los otros (de quienes hablaré en otro post). Le he perdido la pista por completo actualmente.

Gisela Aguilar: Una muñequita. Irradiaba una ternura que hacía que cayera bien de inmediato, y no sé por qué pero para mí en lo particular era muy importante que ella diera el visto bueno a las cosas que yo decía y hacía. La vi por última vez en el año 2003 cuando coincidimos en la Facultad, intercambiamos direcciones de correo electrónico y le escribí algunos mails que me respondió, luego ya no, y le perdí la pista también.

César Martínez: Una persona que suscitaba un poco de sentimientos encontrados: con algunas dotes de liderazgo y extrovertido, podía caerte bien o mal, pero no había puntos intermedios. Algunas ocasiones lo llegué a considerar un muy buen amigo, y otras me daba la impresión de que lo que quería era fregarme. Hacia el final del contacto continuo vi que si le encontrabas el modo podía ser un muy buen amigo. Recuerdo sobre todo aquellas ocasiones en que juntos atravesábamos la ciudad a bordo de un vocho de quién sabe qué año, cantando a voz en cuello, golpeando el techo y los costados del carro, (para que tuviera más ritmo) y tomándonos unas chelas “pa´l calor”. Ahora el contacto mío con él es en Facebook, se ha mostrado accesible a la interacción. tiene una empresa propia en conjunto con su esposa.

Dulce Alquicira: La dueña de la casa de la fiesta en San Loreno Tezonco. Alguien accesible, llegamos a tener diferentes etapas de amistad y algo así, y aunque en el año 2005 quise retomar nuevamente el contacto con ella, fue más bien esporádico y actualmente le he perdido la pista también.

Lilí García: Amiga de dulce y de Gisela, era sencilla y con gustos típicos de chicas de su edad. Me cayó bien desde el principio. En el año 2004 fue la última vez que la vi, platicamos un ratito y luego ya. No me he atrevido a enviarle una invitación de Facekbook, no sé por qué.

Sofía Caballero: Otra de mis consentidas. Muy buena onda, sabía ser amiga de todos y todos inconscientemente la protegíamos. No recuerdo que se haya enojado jamás con alguien, y siempre estaba dispuesta a hacer un pequeño sacrificio por alguno de nosotros. Cuando quiso dejar la selección de volibol en el año 2000 yo le dije que se quedara, aunque era banca en el 90% de los partidos (igual que yo), le dije que era una parte importantee, que le echara más ganas. Más o menos un mes después yo entré a trabajar y tuve que dejar la selección, a lo que inmediatamente vino el reclamo, con justa razón, y le tuve que explicar. Actualmente es un contacto de Facebook pero interactuamos muy poco, ella casi no se conecta y yo tampoco.

Ana Lilia Castillo: Nuestra entrenadora de volibol, y dueña de la casa de las fiestas de Olivar del Conde. Con ella y su novio fuimos a un muy sonado partido de soccer en el estadio “México 68” en abril de 2000, cuando el rencor de los de la UNM estaba muy exacerbado hacia Televisa por la aún reciente huelga. Siempre se mostró como amiga, como entrenadora sabía escuchar, y a mí siempre me respetó a pesar de que muchas veces ha de haber pensado que yo era un simple payaso. No tengo contacto con ella actualmente, aunque Sofía sí, y son muy buenas amigas, según veo, lo cual me da gusto.

Claudia Jaén: Otra persona a quien extraño muchísimo, siempre me supo escuchar, fue mi confidente y yo el suyo, se nos daba de manera natural compartir sentimientos, problemas y éxitos, y de todos con quienes he perdido el contacto, ella sería mi amistad perdida más sentida. La última vez que platicamos fue a finales de 2003, ella trabajaba en la Facultad y yo iba seguido a tomar una clase, así que pasaba a verla. En el año 2006 la vi de espaldas en una tienda Suburbia pero no me atreví a alcanzarla para platicar con ella.

Antonio Bello: Aunque de bello sólo tenía el apellido, era un chico de más edad que nosotros, y más maduro por lo mismo. Sabía bailar endemoniadamente bien, y aunque le pedí clases, nunca le insistí. Le perdí la pista inclusive cuando aún cursábamos la carrera: en la huelga él se dedicó a trabajar, y cuando regresamos asistía muy poco a clases. Lo vi por última vez en el año 2000, y tengo nulo contacto con él.

Daniel Osorio: El abogado. Cursaba Psicología como carrera simultánea, de un sentido del humor muy fino, con toques de sarcasmo y humor negro. Se hizo más amigo del Demiurgo, pero estaba abierto a cualquier amistad. Su carcajada hacía reír, a veces más que el chiste mismo. Le perdí la pista cuando regresamos de la huelga. Me encantaría saber de él.

Carlos Andrés “El Enigmático”: Un chico un tanto solitario pero muy accesible cuando te acercabas a él, tenía pinta de cantante de rap gringo, pero era sólo la apariencia, podías platicar muy bien con él, y viajaba mucho. Me tocó hacer mi examen en la misma universidad donde él cursaba la prepa. A los pocos meses de regresar de la huelga le perdí la pista.

José Vera: Vecinillo era como le decían algunas chicas por su parecido con Ned Flanders. Nos llevaba como diez años a la mayoría, pero tenía la gran ventaja de que se conocía muy bien, y nos conocía bastante bien a todos. Era introvertido, pero sabía iniciar conversaciones y conmigo siempre supo entenderme mejor que cualquier persona. Gran amigo, serían las palabras que usaría para describirlo. Lo vi por última vez en el año 2002, y desde entonces no he vuelto a saber nada de él.

En este momento son los que recuerdo, pero esto cambiará, naturalmente, en la medida que busque más  a fondo en mi memoria.

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